Este es el dilema que más me ha rondado en la cabeza durante estos últimos meses. ¿El motivo? La kamikazística entrada en la etapa universitaria de mi vida. Mirando fríamente el panorama [que fue lo que hice en enero, cuando postulé] estudiar Derecho [Dº] no era para nada una mala idea: no para alguien como yo, un común y silvestre humanista, empedernido y terminal, a lo que hay que sumarle a la mezcla, además, que nunca tuve claro qué estudiar una vez finalizado el colegio [y que producto de ello pasé por varios periodos de angustia, sobretodo el año pasado]. Como dije antes, Dº "parecía ser" la mejor opción para un humanista indeciso: campo laboral inmenso, solo superado por la percepción económica que podía gozar una vez egresado, todo esto, claro, siendo un buen abogado para cobrar caro [sí, es evidente que estaba mal enfocado en ese momento]
Estos factores me darían amplias opciones de seguir otro rumbo si no me llegaba a "enamorar" de las leyes. Un gran ventanal con vista a un extenso páramo, de esos con pajaritos cantando y liebres saltando, y donde todo es repugnantemente bello, por donde escapar en caso de incendio. Pero los cálculos fallaron, y se produjo antes de lo previsto, arrasando con todo, destruyendo los frágiles cimientos que alcancé a levantar, y sin tener la alternativa de salvar las pocas pertenencias que traje conmigo ni siquiera por la mísera ventanita del baño, simplemente porque no existía, no alcanzó a construirse.
A pesar de este poco [nada] favorable panorama, me considero afortunado. Sí, porque el siniestro pasó ahora, al principio de todo, recién a mis 18 años. Ojalá no hubiese pasado nunca, eso habría sido lo mejor, pero el haber abierto los ojos lo antes posible, aprendiendo de manera abrupta y violenta, pero pronto, que no te conduce a ningún lado escoger la opción objetivamente, socialmente y económicamente mejor si para uno y su realidad definitivamente no lo es... Qué frustrante debe ser para las personas que ya cobrando su jubilación se percatan que pasaron toda su vida autoengañándose tontamente, que se la cagaron tratando de hacer mejor algo que nunca los apasionó, y caen en la cuenta de lo insignificantes que fueron los obstáculos que los frenaron a hacer aquello para lo que de verdad eran buenos, donde podían dar lo mejor de sí, porque se trataba de la realización de sus sueños, de su propia felicidad... ¿Cuántos talentos se pierden así?Poder hacerlo mejor o poder hacer lo mejor... Creo haber encontrado la respuesta... Y por mi salud mental, estoy agradecido.

