[Este tema lo escribí en el fotolog pero quiero profundizarlo acá... en esta última semana me han pasado y me he enterado de varios sucesos importantes, que han hecho madurar un poco mi... "visión de vida", por decirlo de alguna forma.]
Si quieren saber cuál es el valor de un año, pregúntenselo a un joven que perdió su año de estudios por no poder pagarlo...

Si quieren saber cuál es el valor de un mes, pregúntenselo a una madre que tiene a su hijo con riesgo vital por nacer prematuro...

Si quieren saber cuál es el valor de una semana, pregúntenselo al editor de un semanario, su única fuente de trabajo...

Si quieren saber cuál es el valor de un día, pregúntenselo a un niño que cena junto a su familia la noche del 24 de diciembre...

Si quieren saber cuál es el valor de una hora, pregúntenselo a una pareja de amantes, antes de su reencuentro...

Si quieren saber cuál es el valor de un minuto, pregúntenselo al que perdió su viaje en tren...

Si quieren saber cuál es el valor de un segundo, pregúntenselo al que evitó que lo atropellaran por regresar a buscar algo que olvidó...

Y si quieren saber cuál es el valor de una milésima de segundo, pregúntenselo al atleta que ganó la carrera, y acaba de superar su propia marca...

El tiempo es algo misterioso. Transcurre implacablemente entre nosotros, a veces sin siquiera notarlo, o peor, valorarlo. Otras veces, deseamos que el momento que estamos pasando se esfume lo más rápido posible... Por último, algunas veces deseamos retroceder en el tiempo y borrar por completo esas experiencias dolorosas de nuestra vida, que hubiésemos deseado que nunca hubiesen sucedido... Pero lo cierto es que cada tic del reloj nos quita un poco de nuestras vidas, desde la primera bocanada de aliento que desesperadamente dimos al nacer hasta el último hálito de vida que daremos dolorosamente al fallecer, dejándonos como consuelo los cadáveres imborrables de los recuerdos...
El tiempo, con el pasar de los años, se convierte en nuestra propia sentencia, en nuestra propia muerte, y la más cruel: silenciosa, impostergable, lenta... e inevitable.
Y sin embargo, para algunos todo sucede demasiado rápido:
...El tiempo que tarda la bala de un agresor en atravesar a su víctima...
...El tiempo que tarda un médico en decirle a una esposa que su marido no regresará a casa...
...El tiempo que tarda un padre en ver a su hijo por primera vez...
...El tiempo que tarda un par de extraños en vivir juntos para siempre...
...El tiempo que tarda un gris ejecutivo en volverse artista...
...El tiempo que tarda una esperanza perdida en volver a surgir...
Sí, la vida tal como la conocemos puede cambiar... en un abrir y cerrar de ojos. Aún así, deberíamos estar agradecidos por cualquier cambio que la vida nos imponga. Porque demasiado pronto llegará el día...

...en que no habrá ningún cambio más.
[Gracias Nico por la 7ª foto]
Si quieren saber cuál es el valor de un año, pregúntenselo a un joven que perdió su año de estudios por no poder pagarlo...

Si quieren saber cuál es el valor de un mes, pregúntenselo a una madre que tiene a su hijo con riesgo vital por nacer prematuro...

Si quieren saber cuál es el valor de una semana, pregúntenselo al editor de un semanario, su única fuente de trabajo...

Si quieren saber cuál es el valor de un día, pregúntenselo a un niño que cena junto a su familia la noche del 24 de diciembre...

Si quieren saber cuál es el valor de una hora, pregúntenselo a una pareja de amantes, antes de su reencuentro...

Si quieren saber cuál es el valor de un minuto, pregúntenselo al que perdió su viaje en tren...

Si quieren saber cuál es el valor de un segundo, pregúntenselo al que evitó que lo atropellaran por regresar a buscar algo que olvidó...

Y si quieren saber cuál es el valor de una milésima de segundo, pregúntenselo al atleta que ganó la carrera, y acaba de superar su propia marca...

El tiempo es algo misterioso. Transcurre implacablemente entre nosotros, a veces sin siquiera notarlo, o peor, valorarlo. Otras veces, deseamos que el momento que estamos pasando se esfume lo más rápido posible... Por último, algunas veces deseamos retroceder en el tiempo y borrar por completo esas experiencias dolorosas de nuestra vida, que hubiésemos deseado que nunca hubiesen sucedido... Pero lo cierto es que cada tic del reloj nos quita un poco de nuestras vidas, desde la primera bocanada de aliento que desesperadamente dimos al nacer hasta el último hálito de vida que daremos dolorosamente al fallecer, dejándonos como consuelo los cadáveres imborrables de los recuerdos...
El tiempo, con el pasar de los años, se convierte en nuestra propia sentencia, en nuestra propia muerte, y la más cruel: silenciosa, impostergable, lenta... e inevitable.
Y sin embargo, para algunos todo sucede demasiado rápido:
...El tiempo que tarda la bala de un agresor en atravesar a su víctima...
...El tiempo que tarda un médico en decirle a una esposa que su marido no regresará a casa...
...El tiempo que tarda un padre en ver a su hijo por primera vez...
...El tiempo que tarda un par de extraños en vivir juntos para siempre...
...El tiempo que tarda un gris ejecutivo en volverse artista...
...El tiempo que tarda una esperanza perdida en volver a surgir...
Sí, la vida tal como la conocemos puede cambiar... en un abrir y cerrar de ojos. Aún así, deberíamos estar agradecidos por cualquier cambio que la vida nos imponga. Porque demasiado pronto llegará el día...

...en que no habrá ningún cambio más.
[Gracias Nico por la 7ª foto]